Solo imaginar un mundo donde todos somos iguales me llena de tristeza.Al mejor estilo de los Padrinos Mágicos, un mundo gris e insípido. Lleno de conformismo y ausente de alegría.
Hacer o ser la diferencia es parte del intrincado tejido que arma nuestra sociedad, imperfecta, realidad innegable. Al fin diferencias, lo que para mi es bueno, para otros es malo, he ahí el secreto de la tolerancia, saber aceptar y reconocer la variedad; en la variedad está el placer, dicen por ahí.
Muchos colores decoran nuestro mundo, entonces ¿sería mejor un mundo donde todos fuésemos iguales? Tal vez no tendríamos desacuerdos, pero ¿podríamos encontrar de quien o de que enamorarnos y hacerlo nuestro, si todo pensamos igual? Podría estar la vida entera cuestionándome, ¿por qué los demás no piensan igual que yo? Si mi pensamiento es perfecto, eso dice mi mente.
Amar, tal vez, el actuar contrario de los demás es un acto sincero, real deseo de hacer la diferencia.
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