(Tomado de "Acopio de treinta y tantas decepciones)
Pasaron los años y sus glorias no
glorificadas. Pasó el hambre y la opulencia. Pasó la guerra y también pasó la
paz. Él pasaba sus días en la sala de estar, mirando el viejo televisor o
escuchando las noticias de siempre en la radio; a ninguna de las dos cosas le
prestaba atención. Se levantaba del sillón para servirse café cuando el
graznido de la cafetera lo alertaba y buscaba entre el desorden del cajón
contiguo un poco de tabaco. Nuevamente en el sillón de fresno y terciopelo rojo
dejaba caer la memoria en el pasado. Su cabeza orbitaba los recuerdos,
necesitaba de algunos de ellos para reconocer algunos otros. Pasaban las horas marchitas,
como sus dientes. El polvo se agolpaba en las persianas mientras todo pasaba,
menos ella.
Pasaron los años y sus glorias no glorificadas. Pasó el hambre y la opulencia. Pasó la guerra y también pasó la paz. Él pasaba sus días en la sala de estar, mirando el viejo televisor o escuchando las noticias de siempre en la radio; a ninguna de las dos cosas le prestaba atención. Se levantaba del sillón para servirse café cuando el graznido de la cafetera lo alertaba y buscaba entre el desorden del cajón contiguo un poco de tabaco. Nuevamente en el sillón de fresno y terciopelo rojo dejaba caer la memoria en el pasado. Su cabeza orbitaba los recuerdos, necesitaba de algunos de ellos para reconocer algunos otros. Pasaban las horas marchitas, como sus dientes. El polvo se agolpaba en las persianas mientras todo pasaba, menos ella.
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