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jueves, 25 de abril de 2013

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Entrevista Eric Lezaun - Artista audiovisual y literario

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Eric, ¿hace cuánto se dedica a la realización audiovisual?

Eric Lezaun: ¡Uff! La verdad que si me pongo a pensar, ya de pequeño hacía con mis amigos una especie de “cortometrajes” (por llamarlo de alguna manera), aunque quizá eso es retroceder demasiado. A los diecisiete años comencé con compañeros de clase y amigos a grabar felicitaciones de cumpleaños, normalmente parodias de musicales, películas, doblaje absurdo de series, etc., y nos lo pasábamos en grande viendo después los resultados una y otra vez. Fue cuando decidí hacer mi primer videoclip “serio”, con una canción de la banda de rock Garbage, con los tristes medios de los que disponía (aunque tampoco es que ahora la cosa esté muy boyante). En aquel entonces estaba muy sumergido en el mundo del teatro, y aunque estaba a punto de comenzar mis estudios de Arte Dramático, continué haciendo diferentes vídeoclips, cortometrajes, y parodias con mis amigos, hasta que finalmente dejé la carrera de actor para estudiar realización de audiovisuales.

¿Qué es lo que más le apasiona de ésta?

E.L.: En el audiovisual predomina todo. Como he estudiado teatro, tengo un concepto bastante romántico de la construcción de la situación dramática en el producto audiovisual, y es que, al igual que en el teatro, se pueden conjugar las mejores artes; la música, la imagen, y la poesía, pero de una forma todavía más eficaz, y además, de forma permanente. El audiovisual también incluye otro tipo de factores imposibles en un escenario que enriquecen creativamente de forma eficaz a la hora de lograr hacer llegar al público ciertas emociones, ideas o situaciones.

Echando un vistazo a su canal en Youtube podemos ver algunas interesantes producciones, pero cabe resaltar el cortometraje "ARTE", destacando en él un muy buen monólogo. ¿Qué experiencias le dejó la realización de éste?

E.L.: El texto de Arte lo escribí con dieciséis años, y el cortometraje es algo que lo dice todo y no dice nada. Si hay algo que me gusta de la poesía es la libre interpretación que cada persona le puede dar al texto, y eso es lo que viene a suceder en el corto. Evidentemente, yo sé exactamente lo que quiero decir, pero son muchas las interpretaciones dispares que me han llegado a comentar, y para mí eso es un éxito, ya que da lugar a la imaginación, y como las personas son como son, cada uno lo lleva a su terreno personal y puede ver con más facilidad su historia reflejada en él. En Arte se tocan dos temas muy dispares pero a la vez enlazados entre sí: el amor y la realización artística personal. La primera influye sobre la segunda, y la segunda no llega a completarse si la primera no está ahí, perdiendo totalmente su significado. Dicho esto, no adelanto más ¡a ver todos el corto ya!

¿Cómo fue la experiencia de recibir un premio como ganador en un festival por uno de sus cortometrajes?

E.L.: Fue raro, la verdad. A uno le enseñan cómo debería estar realizado técnicamente un cortometraje para considerarse un producto con acabado profesional, pero muchas veces estas cosas aún me siguen sorprendiendo. El cortometraje en cuestión por el que recibí el premio, Despertar, dejaba mucho que desear a nivel técnico (no voy a enumerar fallos para no lanzarme piedras a mí mismo), pero es agradable ver cómo un jurado es capaz de hacer la vista gorda cuando el argumento o la forma les ha atraído independientemente de la calidad de la obra. Me encantaría que en este país se pudieran dar más veces estos casos, ya que son muchas las personas con grandes ideas que por falta de medios no son capaces de llevar a cabo una obra competente, y finalmente son otras, las que más dinero en efectos especiales, actores reconocidos o medios técnicos se han gastado, las que no dejan de ser galardonadas una y otra vez en todos los festivales, y muchas veces, dejándonos bastante fríos.

Aunque encontramos suficiente evidencia de su trabajo audiovisual, hayamos muy pocas cosas sobre su trabajo literario, ¿qué papel cumple la literatura en su vida?

E.L.: Yo soy un hombre impaciente, y la verdad que no puedo estar leyendo cosas muy largas, ya que estoy ansioso por saber el final y paso más tiempo contando las hojas que faltan para acabar el capítulo que leyendo el propio libro. Por eso soy un fiel amante de los formatos cortos (tanto en cine como en literatura) y lo que leo es casi exclusivamente poesía, ya que me gusta la sensación de poder tener un final nuevo en cada una de las páginas que leo. Independientemente, y curiosamente, los únicos libros que soy capaz de leer de principio a fin sin parar por muy largos que sean, son los libros de comedia o monólogos de humor (quién lo diría). Si es que aunque todo lo que haga sea dramático, en el fondo soy un payaso.

Digamos que un día comienza a escribir sobre un tema determinado, y se encariña con el tema, hasta que llega el día en que no para de escribir sobre este, pero, ¿en qué momento se tiene la seguridad de que lo que se está escribiendo se puede convertir en todo un libro?

E.L.: Nunca se piensa, en mi caso mucho menos. Al escribir poesía siempre puedo decidir mucho más adelante qué poemas pueden pertenecer a cierto poemario y cuáles no, incluso volverlos a retocar más adelante si la experiencia me ha hecho madurar la idea que abordé anteriormente. La duda que siempre queda, y creo que esto sucede en cualquier arte, es la sensación de que todo lo que se escribe puede estar todavía mejor, y nunca llega el momento de poner el punto final a algo. Pero bueno, el idealismo es una virtud, siempre y cuando no te lleve a la locura.

¿Qué puertas ha tenido que tocar para lograr la realización del libro?

E.L.: En mi caso no ha sido difícil, supongo que porque he tenido claro desde un momento lo que he querido, y he descartado rápidamente lo que no me convencía. La idea de publicar me sobrevino colaborando con un gabinete artístico que se dedicaba precisamente, entre otras cosas, a la publicación, maquetación y edición de libros. Me puse enseguida en marcha buscando una editorial que se hiciera cargo de mi obra para su publicación, aunque es difícil, ya que pocas se arriesgan con trabajos de escritores noveles. En las que sí lo hacen, todo esto está ya muy estudiado, y a los autores sólo les perciben un porcentaje muy bajo, lo cual me parece abusivo, teniendo en cuenta que sin ellos no existiría obra. Encontré una editorial interesada en publicar mi libro que se hacía cargo de todo, aunque bajo condiciones totalmente inadmisibles, así que lo más sensato que podía hacer era autopublicar yo mismo mi libro. Por ahora no he tenido ninguna queja conmigo mismo, eso sí, cuando uno aborda la edición y maquetación de un libro completamente sólo, el camino se hace bastante cuesta arriba.

En Antología del Fracaso usted ha dicho:

            "Después de una larga espera, sólo queda todo el tiempo perdido". Y este será el principio de una serie de desdichas acomodadas al papel desde el casi nunca dulce devenir de la realidad. Poesía derrotista para amantes rechazados, genios locos e ideales susurrados. Una nociva amalgama de sentimientos en busca de la purgación, la gloria, o el destierro."

Pero, ¿por qué escribir un libro sobre poesía derrotista, con un tinte tan grisáceo? ¿Por qué no darle esperanza a los enamorados como lo hacen tantos otros poetas?

E.L.: Bueno, la esperanza es algo que nunca hay que perder, y me gustaría hacer hincapié en eso. En Antología del Fracaso destaca ese aire de frustración por todo lo que uno no es capaz de conseguir, pero ello no significa necesariamente que se espere siempre lo peor de las cosas. Solamente con leer el título muchos caen en el error de pensar que se trata de un libro pesimista, y no hay nada que me guste menos que el pesimismo gratuito. Es verdad que en las páginas del libro se deja entrever cierta oscuridad y tristeza, pero como todo en esta vida, nada es blanco o negro, y dentro del estilo en concreto del libro hay muchos sentimientos que afloran y que nada tienen que ver con el pesimismo, aunque puedan ser negativos: desamor, ansiedad, frustración, soledad, orgullo, incomprensión, confusión, contrariedad, odio, rabia, miedo, tristeza, nostalgia, inseguridad, dolor, y un largo etc.. Quizá todo esto pueda parecer excesivamente dramático, pero en el fondo y en todo ello, siempre existe un halo de esperanza. Sí, podría escribir sobre lo bello de los amaneceres y lo bonito del amor (mientras dura), pero al fin y al cabo soy un hombre al que le encanta el drama, y baso mis obras en la sublimación del sufrimiento, ya que es lo que suele inspirar, no sólo a mí, sino a la mayoría de escritores.

Usted mismo se ha encargado incluso de las fotografías del libro, cuéntenos un poco.

E.L.: Sí, la verdad es que no llevo mucho en el mundo de la fotografía, pero todo lo que sé sobre ella lo he adoptado de lo que me ha enseñado el vídeo, al fin y al cabo, es también imagen, pero estática. He querido incluir también en el libro una serie de imágenes y fotografías para respaldar todavía más algunos de los textos que en él se encuentran. Para mí es un placer hacer este tipo de cosas, ya que me permite transferir el sentimiento que me produce el poema en cuestión en una imagen concreta pudiendo jugar con muchos elementos, lo que me gusta llamar metáforas visuales.

¿Qué consejo puede dar a las personas que comienzan a abrirse paso en este mundo audiovisual y/o literario?

E.L.: Que tengan mucha paciencia, y sobretodo, muchas ganas (aunque un marido/mujer con dinero que financie tus trabajos también puede ayudar mucho). Llegar a vivir de esto es realmente complicado, así que lo mejor es no crearse muchas expectativas si no queremos morir jóvenes (¡ja, ja!) pero la verdad que es algo bastante enriquecedor a nivel personal, y que siempre se puede compaginar con cualquier tipo de tren de vida, o con un “trabajo normal”.  Mi consejo  personal es que lo mejor es aprender a hacer por uno mismo cuanto se pueda, e intentar depender de otras personas cuanto menos mejor, ya que muchas veces nos engañan, las creemos y esperamos demasiado de ellas, y después de una larga espera, lo único que conseguimos es perder nuestro bien más preciado: el tiempo.

Conoce un poco más de Eric Lezaun y de su libro en su página

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