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viernes, 23 de agosto de 2013

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¿Cuánto vale la juventud?

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Continuamente escucho a las personas que superan los 40 años, aunque es más frecuente después de los 50, decirle a una persona joven como yo: "Ay, es que la juventud es muy bonita, aprovéchela", con ese tono melancólico tan propio del recuerdo en las personas mayores y no me queda más que reflexionar, cuánto vale la juventud y qué debo hacer yo con ella para que en 30 años no vea a mis hijos y les diga, "...aprovéchenla."

Se supone que las personas jóvenes al tener más energía en el cuerpo, estamos genéticamente diseñados para vivir más aprisa, para no analizar, con la profundidad y la calma que lo analiza alguien del "tercer piso", cada paso que damos. Se supone que nuestra mayor resistencia física, debido a la corta edad, nos hace preocuparnos menos por los cuidados que debemos tener con nosotros mismos y abusamos con naturalidad de nuestros cuerpos porque estos aún no nos pasan cuenta de cobro. 

Pero entonces volviendo a la pregunta inicial, ¿de qué manera se debe aprovechar la juventud?, ¿debemos acaso pasar nuestros años mozos educándonos fuertemente para llegar al tercer piso con muchos conocimientos y buenas bases para conseguir dinero o una posición social, o debemos vivir nuestras vidas al extremo y jactarnos de ser jóvenes e imbéciles, perdón invencibles, y hacer las cosas que pensamos que en unos años  no podremos hacer?.  

Cuan limitada puede ser la respuesta desde una perspectiva joven, pues en unos años, puedo arrepentirme de como "aproveché" mi juventud y seguramente, para cuando el arrepentimiento llegue,  ya no tendré forma de recuperar esos años mozos. 

Así pues, que dejo la pregunta abierta para alguno que ya sepa cuánto vale la juventud y qué hará con ella.


Saludos. 

2 comentarios:

  1. ¿Cuanto vale la juventud?

    Hoy por hoy nos damos cuenta que la juventud es algo que muchas personas del "tercer piso" en adelante añoran, sin embargo creo que como todo en la vida, el ser humano nunca estará conforme. Esto es, porque en muchas tantas ocasiones he escuchado jóvenes decir "Ay, es que ser adulto es muy bueno"... Pero bueno, centrandonos en el caso inicial donde nos situamos dándole un valor a la juventud, pienso que cada vez estamos más enajenados y autistas de una realidad social y cultural donde la vida ya no es juventud o vejez, ya es algo del ahora, del tiempo real, del momento, de la inmediatez. Pienso que la eternidad se acaba para el niño, para el viejo o para mi. Estamos estrictamente manejados por un innecesario descontrol, desmejorando la calidad de vida haciendo cosas absurdas como escribir a las 2:40 de la mañana, generando una degeneración cada vez mayor en los hábitos. En este sentido, son muchas cosas las que pasan por la mente de un individuo a la altura de los 20 años y a media noche. Sin embargo para concluir, debo decir que el precio de la juventud es recordarle siempre a la sociedad que su voz puede ser mucho más fuerte que la de cualquier régimen, de ahí la importancia de darle valor a esa juventud, a los jóvenes; porque son ellos quienes le recuerdan a las sociedades que nada bueno se ha alcanzado, que los patrones se siguen repitiendo y que en algún tiempo, como ellos, todos quisieron un mundo mejor. Así pues, el precio de mi juventud está sobre la mesa.

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  2. ¡Ay vida!
    El valor de la juventud, como de cualquier cualidad humada, no tiene un precio calculable.
    Con solo 22 años, y como cualquier persona por debajo del cuarto piso, me veo expuesto a este consejo, no pedido, que me deja frío al creer que a los cuarenta y tantos voy a sentirme frustrado porque la energía del ahora la invertí sin pensar en el mañana.
    La cosa es ¿Qué quiero ser o hacer en realidad?
    ¿Por qué no acatar ese consejo que resume todo en compromiso con nuestro porvenir y los sueños que tanto hablamos de alcanzar? Irónico, pues somos jóvenes e inexpertos.
    ¿Dejamos de hablar y comenzamos a hacer?
    Aun así, a los 40 0 50 años de edad, vamos a estar frustrados porque tenemos dinero, pero nunca aprendimos a tocar el piano o la guitarra, porque nunca nos tomamos la molestia de invertir suficiente esfuerzo en desarrollar esas habilidades que tanto nos alegrarían la madurez. O estaremos sin un centavo, pero con la tranquilidad y habilidad de una estrella de Rock que no tenía tanta estrella.
    Alguien me dijo, deje fluir, viva, haga, lo que sienta debe o desea hacer, pero con compromiso, con la firme convicción de que lo hará bien.
    Y acepte cuanto llega sin pensar en controlarlo todo.
    Vivamos, dejemos vivir, ayudemos al que necesita e imprimamos un sello indeleble con la nuestra mejor energía.

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